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"EL PILAR DE LOS TRIUNFOS"

   

10/Julio/2012

CULTORO. MARCO A. HIERRO

Pamplona No fue una, sino dos las puertas grandes que abrieron los toreros con el encierro de El Pilar. No fue uno, sino dos los hierros con que Moisés Fraile puso su sapiencia a disposición de los actuantes. Larga vida al ganadero salmantino, que echó en Pamplona una corrida rematada en su conjunto, seria en su trapío, a más en su comportamiento general y con el común denominador de colocar la cara. Son ya varios los toros de El Pilar que han cimentado triunfos esta temporada. Son muchos más los que han servido de arcilla para modelar la obra, con el hierro madre o el que lleva el nombre de un ganadero cuya familia lleva décadas viviendo por y para el toro. Cimenta el éxito este Pilar, cuyo encierro de hoy lo otorgó a quien supiera aferrarlo. Supo hacerlo un Iván Fandiño que enlotó un toro de cada hierro y a cada uno le cortó una oreja. Más peso tuvo la del quinto Mirabajo, de curvo pitón, amplia caja, largo lomo y acusada badana. Colorao en hechuras y tipo de la rabosa casa madre, con la clase muy justa, pero boyante la nobleza, la repetición y el recorrido. Llegó a la cara con una oreja en la mano, y lo brindó al público para dejar clara su intención de no salir a pie. Y allí se quedó, en el centro del platillo, para el vibrante cambiado y el mandón y sometedor toreo diestro con que redujo en la primera tanda. Distancia le dio después, perdiendo pasos para acoplarse a la embestida, dejando suave la tersa muleta para trazar largo sin que se durmiese el animal. Inteligente con la zocata, construyendo con la media altura la ligada serie. Pero fue el derecho el pitón del toro, y a diestras volvió a echar la muleta abajo, para rematar con manoletinas y una estocada a matar o morir. Había cortado la primera oreja de un hermoso ejemplar de Moisés Fraile, negro, bajo de manos y generoso de cuerna, de humillación y largura en su irregular embestida en la capa, con clase pero sin ritmo. Vio pronto Fandiño la tecla, esperando en el primer tramo del muletazo para dejar que se fuese para adelante desde el embroque. Fue así como llegaron dos tandas entonadas con el toro gazapón, que se fue quedando sin espíritu cuando corrigió el anterior defecto, pero aceptó de uno en uno los naturales del final, con el vasco aguantando el parón, sabedor de que el animal terminaría tomando el trapo. También David Mora dio con las teclas del éxito, y también sonó mejor su discurso en el segundo acto. Porque pareció tener menos fijeza el bello Cantillito salpicao que salió sexto con el hierro de Moisés, muy en Lisardo, embistiendo con clase cuando tenía delante el percal. Sentado en el estribo comenzó a asentar la faena, con el toro empujando por abajo con fijeza –ahora sí- y con calidad. Todo entrega Mora, ofreciendo el trapo bajo la pala del pitón y despachando la enclasada embestida con solvencia. Nunca se cansó de seguir la tela un Cantillitosiempre a más, rajadito pero embestidor, arrastrando el morro humillado hasta el final del trazo, colocando la cara en el embroque y dejando que David se emborrachase de pegarle pases. Pinchó en el primer encuentro, pero no impidió el fallo que la estocada posterior rubricase la puerta grande. Y es que le había costado repetir con ritmo al Deslumbrante tercero, que sí colocó la cara y se fue largo en el viaje en las verónicas que fue enjaretando Mora, cadenciosas y templadas, yendo siempre a buscar al negro y amplio animal. También en la muleta tuvo fijeza en las arrancadas, y le costó al torero cogerle el aire a un animal a más, con feos enganchones en los finales punteados que deslucieron una faena de entrega máxima y trazo corto, más en las muñecas que en el boyante viaje del toro, que se llevó al desolladero una estocada hasta las cintas y una oreja menos. No tuvo su tarde un Matías Tejela al que vino a visitar la mala suerte en el abreplaza, un toro hondo y con caja que tuvo un gran pitón derecho, de cara fija y colocada cuando hubo gobierno en la muleta de un torero que ya veía cimentado el triunfo en el de El Pilar. Pero fue precisamente la mano, la derecha en este caso, la que se lastimó el animal para que su embestida no fuera ya la misma, aunque sí su codicia. Abrevió Matías el sufrimiento y esperó mejor ocasión. Esa llegó con el codicioso cuarto. Largo, amplio y fino de cabos el colorao, que enseñaba por delante la pala del pitón y la fijaba en el capote lo que durase el trazo. Pero se vio desbordado en ocasiones, el madrileño, por el torrente embestidor, y sólo en una tanda a diestras logró acoplarse al viaje fijo y largo, con suavidad, temple y gobierno. Fue el oasis en una faena irregular que terminó con el toro reponiendo las ideas nubladas de Tejela. Dos puertas grandes vio Pamplona tras el festejo. Pero hubo una, la que no existió, la del ganadero, la que garantiza el trabajo bien hecho en tiempos que peinan crisis. Porque no podrán los toreros encontrar más glorias si no se cimenta el éxito en un pilar como el de Moisés. FICHA DEL FESTEJO Toros de El Pilar (primero, tercero, cuarto y quinto) y Moisés Fraile (segundo y sexto). De buena hechura y presencia. Noble y enclasado el primero; calidad y nobleza sin ritmo en el segundo; enclasado y repetidor el tercero; codicioso y reponedor el cuarto; noble y repetidor pero desclasado el quinto; noble, enclasado, humillador y con recorrido el sexto. Matías Tejela (grana y oro): silencio y silencio. Iván Fandiño (barquillo y oro): oreja y oreja. David Mora (marino y oro): oreja y oreja. Lleno en tarde calurosa.

   

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